sábado, 16 de diciembre de 2006

1. ENCAUSAMIENTO.

Pero no había que hacerse demasiadas ilusiones. La prosa de Kilapán, sin duda, podía ser la de Pinochet. Pero también podía ser la de Aylwin o la de Lagos. La prosa de Kilapán podía ser la de Frei (lo que ya era mucho decir) o la de cualquier neofascista de la derecha. En la prosa de Lonko Kilapán no sólo cabían todos los estilos de Chile sino también todas las tendencias políticas […]
ROBERTO BOLAÑO. 2666. La Parte de Amalfitano.


El 11 de diciembre del 2004 “Parque por la paz” – eufemismo consensual para Villa Grimaldi (ex centro de detención y torturas) - fue elevado a la categoría de monumento histórico. Ceremonia mediante, el entonces ministro de educación Sergio Bitar pronunció discursos enfocados hacia la sistematización del espacio en pos de una productividad educativa gracias a una serie de financiamientos o inyecciones de recursos estatales para su mantención y protección.

Según una fuente: […] el titular de Educación manifestó que solo la memoria puede construir un futuro sólido. “El que está amnésico o no se acuerda o simplemente explica para justificar, no puede construir un país mejor”, enfatizó. […] señaló que su cartera se preocupará para que “vengan los estudiantes y puedan ser ciudadanos mejores”.[1]

¿Qué es lo que se desea revelar en estas excursiones guiadas y futuras? ¿El sufrimiento?, ¿un sufrimiento?, ¿la iniquidad?, ¿el dolor?, ¿un dolor? En síntesis: ¿se desea, mediante la “transmisión de una experiencia” disfrazada de duelo, la conducción de una o más generaciones hacia la virtud?

Esta manifestación discursiva del entonces ministro exhibe los mecanismos de las políticas del duelo, las cuales mediante una serie de intereses comunes plantean una teleología. Esto significa que el pasado adquiere valor solo en relación a su presente, en el cual ciertos agentes encauzan y sostienen, a través de una comunidad de intereses y constructos (est)éticos, una dirección o finalidad: una teleología.[2]

En Infancia e Historia, Giorgio Agamben reformula la experiencia a través de la inversión de su espacio limítrofe[3]. Esto es situarla ya no en un devenir hacia la muerte sino hacia la infancia. Es necesario aclarar que la medida de la experiencia, según Agamben, está condicionada por su incapacidad o por su carácter fantástico (ficticio): se experimenta dentro de los límites impuestos por el pensamiento científico (episteme): […] “una vez que la experiencia comience a ser referida al sujeto de la ciencia, que no puede alcanzar la madurez sino únicamente incrementar sus propios conocimientos, […] se vuelve algo esencialmente infinito, un concepto “asintótico”, como dirá Kant, algo que solo es posible hacer y nunca llegar a tener nada más que por el proceso infinito del conocimiento[4]
Es en estos elementos donde sugiere Agamben descifrar los rasgos de una nueva experiencia.
Entre las condiciones de emisión y recepción del discurso del entonces ministro, es posible detectar una de las paradojas del discurso en tanto acto de de re-memoración experiencial: el mensaje ministerial pretende hacer decible lo indecible: se pretende páthêma al instar una transformación radical en generaciones que no fueron testigos del pasado ([…] señaló que su cartera se preocupará para que “vengan los estudiantes y puedan ser ciudadanos mejores”.), y como cualquier mensaje, mediado desde y por el lenguaje, solo puede configurarse como máthêma: algo que desde siempre es inmediatamente reconocido en cada acto de conocimiento, según Agamben[5].
La cifra –lo reconocible- es entonces el instrumento afín a la postura acomodaticia de un gobierno que se hallaba- al momento de la producción de este mensaje- en un tercer estadio de un trabajo estatal de duelo: El Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, más conocido como Informe Valech.

Del mismo prólogo del informe se deduce la inserción de éste como depositario de dos momentos anteriores:

Ha sido un largo, paciente y complejo camino. El primer paso fue el de la Comisión de Verdad y Reconciliación, creada por el Presidente Aylwin y que presidió el abogado Raúl Rettig. Gracias a su labor, fue posible establecer en gran medida la verdad sobre los compatriotas que murieron como consecuencia de la violencia política, y certificar más allá de toda duda el drama de los detenidos desaparecidos. Otro paso fundamental fue la Mesa de Diálogo, instalada por el Presidente Frei, en la cual participaron las Fuerzas Armadas y otras instituciones, que extendió la conciencia sobre la magnitud de la tragedia y favoreció el proceso de reencuentro nacional.[6]

Dejando de lado los posibles cuestionamientos sobre estas dos instancias previas, la postura discursiva de Lagos propone el camino a través de ambos momentos como largo y complejo. Si a esto sumamos la conclusión de esta introducción - Con el reconocimiento a las víctimas de prisión política y tortura completamos un capítulo por el cual teníamos que pasar[7]- es posible leer la imposición de un cierre (des)compuesto por el ritmo y el tempo de una coalición política y estatal. La cerrazón de recuerdo. La finalidad en el fin, y viceversa.

[1]http://www.cooperativa.cl/p4_noticias/antialone.html?page=http://www.cooperativa.cl/p4_noticias/site/artic/20041211/pags/20041211143115.html.[2] Déotte plantea que la economía no es suficiente para la unificación de un pueblo. Las políticas de los lugares de memoria son partidarias de una política del duelo, del padecimiento como vínculo común, del pathos como nexo:
“Una política de la cultura del duelo. En el pasado, una herencia gloriosa y pesares que compartir; en el futuro, un mismo programa a desarrollar. Haber sufrido, gozado, esperado juntos, he aquí algo que vale más que aduanas comunes y fronteras conformes a determinadas ideas estratégicas; esto es lo que se entiende pese a la diversidad de razas y lengua [...] haber sufrido juntos, sí, el sufrimiento en común une más que la alegría.” DÉOTTE, Jean-Louis. Catástrofe y olvido. Santiago. Ed. Cuarto Propio. 1998. pág. 26.
[3] En Lo que queda de Auschwitz, el espacio limítrofe de la experiencia es leído por Agamben –siguiendo a Levi y una serie de testimonios- en dos representantes del campo de concentración judío: El muerto o exterminado, quien no puede dar testimonio ni siquiera a través de otra voz (el testimonio de un compañero) y “El Musulmán”: “El denominado Musselmann, como se llamaba en el lenguaje del Lager al prisionero que había abandonado cualquier esperanza y que había sido abandonado por sus compañeros, no poseía ya un estado de conocimiento que le permitiera comparar entre bien y mal, nobleza y bajeza, espiritualidad o no espiritualidad. Era un cadáver ambulante, un haz de funciones físicas ya en agonía. […] El musulmán no le daba pena a ninguno ni podía esperar contar con la simpatía de nadie. Los compañeros de prisión, que temían continuamente por su vida, ni siquiera le dedicaban una mirada. Para los detenidos que colaboraban, los musulmanes eran fuente de rabia y preocupación, para las SS sólo inútil inmundicia. Unos y otros no pensaban más que en eliminarlos, cada uno a su manera (Amér. P. 39). Estas dos figuras representan la inasibilidad del testimonio del horror. AGAMBEN, Giorgio. Lo que queda de Auschwitz. Valencia. Ed. Pre-textos. 2002. págs. 41 – 43.
[4] AGAMBEN, Giorgio. Infancia e Historia: Destrucción de la Experiencia y Origen de la Historia. Buenos Aires. Adriana Hidalgo Editora. 2001,2003. pág. 24.
[5] AGAMBEN, Giorgio. Infancia e Historia: Destrucción de la Experiencia y Origen de la Historia. Buenos Aires. Adriana Hidalgo Editora. 2001,2003. págs. 21-22.
[6] Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Edición Ministerio del Interior. Edición Digital. La recuperación de la memoria. pág. 7.

[7] Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Edición Ministerio del Interior. Edición Digital. Palabras finales. pág. 10.

1 comentario:

Eugenio dijo...

Hola, primero nose como y en que sircustancia llego tu seminario a mi mail, pero me intereso y cmo por estos dias estoi tan ocupado lo lei... no soi un letrado y eso se nota en mi forma de redactra y escribir, tanpoco soi filosofo, pero creo poder dar mi opinion como un lector cualquiera sin conociemientos previos al tema.

en fin, el anilis de los relatos, y la contraposicion con teorias y antiguas obras dramaticas se ve bien conciso. auque ahi vastante discurso entre lineas y subjetividades difusas... pero te felicito y supongo k aprovaste ..

en realidad la gran disyuntiva de todo esto..es por que llego tu mail.. al mio....

adios....